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Argentina rumbo a la sostenibilidad: descarbonización y transición energéticaArgentina on the Road to Sustainability: Decarbonization and the Energy Transition

El cambio climático se presenta como el desafío más apremiante de nuestra era y para Argentina este momento crítico demanda un giro decisivo.Climate change is the most pressing challenge of our time, and for Argentina this critical moment calls for a decisive shift.

PorBy Candelaria Pérez Zorrilla

Molinos de viento en un campo al atardecer

Esta necesidad de ir hacia una política ambiental moderna no solo responde a deberes y compromisos asumidos, sino que también representa una oportunidad transformadora para forjar un futuro más próspero y equitativo.

La política ambiental es una política de desarrollo y es hora de que Argentina lidere con audacia este proceso, aprovechando plenamente nuestros recursos naturales como catalizadores de un desarrollo sólido y sustentable.

Desde los fuertes vientos de la Patagonia hasta la intensidad del sol en el Norte, pasando por nuestras vastas reservas de litio y suelos fértiles, el país posee una riqueza natural que puede ser capitalizada en beneficio de todos.

Tenemos todo para ser stakeholders y tomar protagonismo en el mundo internacional si adoptamos una postura más proactiva hacia la transición energética y la descarbonización. Además, la región podría obtener mayor peso en las negociaciones si profundizaremos nuestra cooperación técnica y alianza en materia agrícola con Brasil.

En términos más específicos, la agenda política debería observar con atención que el mundo busca dejar atrás la dependencia de los combustibles fósiles para avanzar en el uso de fuentes de energía limpias y renovables.

La reciente COP28 celebrada en Dubai, consolidó el histórico compromiso global de comenzar a transitar lejos no sólo el carbón, sino también el gas y el petróleo. Este llamado colectivo a la acción instó a acelerar la adopción de fuentes de energía sostenibles y renovables a nivel mundial.

Además, el informe de Climate Transparency, destinado a guiar las acciones climáticas de los países del G20, recalcó la urgencia de reducir la dependencia de Argentina a dichos combustibles. En su lugar, instó hacia un crecimiento de las energías renovables respaldada por el financiamiento internacional y subsidios domésticos.

Este desafío es particularmente relevante en el ámbito de las empresas estatales, donde la transición hacia energías renovables aún está en proceso y requiere un enfoque firme con beneficios fiscales que la incentiven. Es necesario reducir los subsidios al sector fósil. Recaudar ingresos fiscales de la venta del petróleo y el gas. Dirigir todos esos fondos hacia el desarrollo de energías limpias.

Además, la implementación de un mercado de carbono o un impuesto al carbono es una medida esencial en este camino hacia la descarbonización. El proyecto de Ley Ómnibus presentado por Javier Milei reflejaba esta tendencia global al proponer la creación de un mercado de carbono en Argentina. El único guiño positivo al tema ambiental hasta el momento.

Este mecanismo permitiría gestionar las emisiones de gases de efecto invernadero mediante la compra y venta de bonos de carbono o certificados de reducción de emisiones, creando un incentivo económico para la reducción de emisiones y la promoción de una economía más sostenible.

El financiamiento a través de joint-ventures públicos y privados emerge como una estrategia clave en el panorama de políticas ambientales y energéticas. Facilitar la participación del sector privado en proyectos de infraestructura es fundamental para acelerar la transición hacia una economía más sostenible y resistente al cambio climático.

Esta colaboración podría impulsar el desarrollo de infraestructuras necesarias para la electrificación del transporte público y lograr además, una mayor adaptación a los desafíos climáticos en otras áreas como la industrial.

Cabe mencionar que, Argentina y América Latina en general tienen niveles bajos de emisiones en comparación con otros países del mundo como Estados Unidos, Japón o China. Nuestro mayor desafío está en la adaptación y no tanto en la mitigación de emisiones.

Sin embargo, el sector agrícola es una de nuestra principal fuente de emisiones y su transformación es fundamental si pensamos en mitigar emisiones. Debemos encontrar un equilibrio entre la producción y la conservación, a través dela adopción de prácticas agrícolas sostenibles, como la siembra directa y la rotación de cultivos, prácticas que pueden contribuir significativamente a la reducción de emisiones.

Es fundamental promover una mayor cooperación regional para descarbonizar nuestras economías, aprovechando el potencial de los principales países productores para liderar la transición hacia prácticas agrícolas más sostenibles .

El establecimiento de un marco legal y regulatorio sólido es fundamental para impulsar la producción y comercialización de hidrógeno verde en Argentina. La región de la Patagonia destaca por su potencial para la generación de hidrógeno verde a partir de fuentes de energía renovable.

Sin embargo, es necesario abordar desafíos logísticos y regulatorios para aprovechar plenamente esta oportunidad, incluyendo la mejora de la conectividad en los puertos y la definición de estándares de almacenamiento y distribución.

Estos son solo algunos ejes fundamentales. La transición hacia un futuro sostenible requiere un enfoque holístico que combine políticas ambiciosas, colaboración entre el sector público y privado, y una mayor conciencia ambiental en todos los sectores de la sociedad. Solo mediante un esfuerzo conjunto podremos enfrentar los desafíos del cambio climático y construir un futuro más próspero y equitativo para todos.

() En colaboración con Federico Merke, Director de la Maestría en Política y Economía Internacionales de la Universidad de San Andrés*

Publicada originalmente en El Economista el 28 de marzo de 2024.

The need to move toward a modern environmental policy is not only a matter of meeting duties and commitments already made; it is also a transformative opportunity to build a more prosperous and equitable future.

Environmental policy is development policy, and it is time for Argentina to lead this process boldly, making full use of our natural resources as catalysts for solid, sustainable development.

From the strong winds of Patagonia to the intense sun of the North, along with our vast lithium reserves and fertile soils, the country holds natural wealth that can be harnessed for the benefit of all.

We have everything we need to become key stakeholders and take a leading role on the international stage if we adopt a more proactive stance on the energy transition and decarbonization. The region could also gain more weight in negotiations if we deepened our technical cooperation and agricultural partnership with Brazil.

More specifically, the policy agenda should pay close attention to the fact that the world is seeking to leave its dependence on fossil fuels behind and move toward clean, renewable energy sources.

The recent COP28 in Dubai cemented a historic global commitment to begin transitioning away not only from coal, but also from gas and oil. This collective call to action urged the world to accelerate the adoption of sustainable and renewable energy sources.

In addition, the Climate Transparency report, intended to guide the climate action of G20 countries, stressed the urgency of reducing Argentina’s dependence on these fuels. Instead, it called for growth in renewable energy backed by international financing and domestic subsidies.

This challenge is particularly relevant for state-owned companies, where the shift to renewable energy is still underway and requires a firm approach, with tax benefits to encourage it. Subsidies to the fossil fuel sector need to be reduced. Tax revenue should be collected from oil and gas sales, and all of those funds should be channeled into the development of clean energy.

Furthermore, implementing a carbon market or a carbon tax is an essential step on the path to decarbonization. The Omnibus Bill (Ley Ómnibus) submitted by Javier Milei reflected this global trend by proposing the creation of a carbon market in Argentina — the only positive nod to environmental issues so far.

This mechanism would make it possible to manage greenhouse gas emissions through the purchase and sale of carbon credits or emission reduction certificates, creating an economic incentive to cut emissions and promote a more sustainable economy.

Financing through public-private joint ventures is emerging as a key strategy in the environmental and energy policy landscape. Facilitating private sector participation in infrastructure projects is essential to accelerating the transition to a more sustainable, climate-resilient economy.

This collaboration could drive the development of the infrastructure needed to electrify public transportation and also enable greater adaptation to climate challenges in other areas, such as industry.

It is worth noting that Argentina, and Latin America in general, have low emission levels compared with other countries such as the United States, Japan, or China. Our greatest challenge lies in adaptation rather than in emissions mitigation.

However, the agricultural sector is one of our main sources of emissions, and transforming it is essential if we are serious about mitigating emissions. We must strike a balance between production and conservation through the adoption of sustainable farming practices, such as no-till farming and crop rotation, which can contribute significantly to reducing emissions.

It is essential to promote greater regional cooperation to decarbonize our economies, leveraging the potential of the region’s major producing countries to lead the transition toward more sustainable agricultural practices.

Establishing a solid legal and regulatory framework is essential to boost the production and commercialization of green hydrogen in Argentina. The Patagonia region stands out for its potential to generate green hydrogen from renewable energy sources.

However, logistical and regulatory challenges must be addressed to take full advantage of this opportunity, including improving port connectivity and defining storage and distribution standards.

These are just a few of the core areas. The transition to a sustainable future requires a holistic approach that combines ambitious policies, collaboration between the public and private sectors, and greater environmental awareness across all sectors of society. Only through a joint effort will we be able to face the challenges of climate change and build a more prosperous and equitable future for all.

() In collaboration with Federico Merke, Director of the Master’s Program in International Politics and Economics at Universidad de San Andrés.*

Originally published in Spanish in El Economista on March 28, 2024.

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