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Patagonia en llamas: la verdadera crisis y la confluencia de 3 fenómenosPatagonia in Flames: The Real Crisis and the Convergence of 3 Phenomena

Si Argentina quiere evitar que estas catástrofes se repitan con mayor frecuencia, es fundamental adoptar un enfoque de gestión de incendios alineado con la crisis climática que estamos viviendo.If Argentina wants to keep these disasters from recurring more and more often, it must adopt a fire management approach aligned with the climate crisis we are living through.

PorBy Candelaria Pérez Zorrilla

Brigadistas combatiendo un incendio forestal

Los incendios forestales en la Patagonia argentina han vuelto a encender las alarmas sobre una problemática que, lejos de ser un evento aislado, responde a patrones climáticos y socioambientales cada vez más preocupantes.

La región enfrenta un fuego incontrolable que ya arrasó con miles de hectáreas en El Bolsón y Bariloche, impulsado por condiciones meteorológicas extremas y una ocupación territorial desordenada.

Mientras las autoridades locales denuncian intencionalidad en varios focos, la verdadera crisis está en la confluencia del cambio climático, el crecimiento urbano descontrolado y la precarización del manejo del fuego.

El Cambio Climático: Un Factor Ignorado

La ciencia es clara: el aumento en la frecuencia e intensidad de sequías genera condiciones idóneas para incendios cada vez más devastadores.

Investigaciones del Conicet han demostrado que en los últimos 50 años los bosques patagónicos han atravesado ciclos de aridez más extremos y frecuentes, lo que los convierte en polvorines listos para arder.

A esto se suma el crecimiento exponencial de la población en las llamadas “zonas de interfase o intermix” (donde la urbanización avanza y colinda sobre el bosque), multiplicando las probabilidades de ignición, ya sea por descuidos humanos o por actos deliberados.

El dato es alarmante: según estimaciones demográficas, la cantidad de viviendas en zonas de interfase en El Bolsón y alrededores se duplicó en las últimas dos décadas, pasando de 12.000 a más de 24.000 viviendas.

Esto significa más infraestructura en riesgo, mayores dificultades para el combate de las llamas y más personas expuestas al fuego.

Un Estado ausente y un retroceso en la política ambiental

En medio de la emergencia, los brigadistas que luchan contra el fuego enfrentan su propia crisis: la precarización laboral.

La falta de estabilidad en los contratos y los recientes despidos en el Servicio Nacional de Manejo del Fuego (SNMF) han debilitado la capacidad de respuesta ante incendios forestales cada vez más agresivos.

La situación se agravó aún más con el traspaso del SNMF del Ministerio de Ambiente al Ministerio de Seguridad, una decisión que desvincula la problemática de su raíz ambiental y la trata como una mera cuestión de orden público, en lugar de abordarla desde la prevención y la planificación territorial.

Los incendios forestales no son incidentes aislados. La experiencia internacional demuestra que la solución pasa por un enfoque integral: inversión en estrategias de prevención, fortalecimiento de los equipos de manejo del fuego, políticas de ordenamiento territorial que limiten la expansión descontrolada y, sobre todo, un reconocimiento explícito de que el cambio climático está exacerbando estos desastres.

Pérdidas ambientales y económicas

Los incendios forestales representan una de las mayores amenazas para los ecosistemas y la biodiversidad del planeta. Cada año, miles de hectáreas de bosques y selvas son devastadas, afectando gravemente la flora y fauna de las regiones afectadas.

Además, estos incendios contribuyen significativamente a la emisión de gases de efecto invernadero, agravando el calentamiento global y sus efectos adversos.

La destrucción de hábitats naturales pone en peligro a numerosas especies animales y vegetales, algunas en riesgo de extinción. La pérdida de cobertura forestal también reduce la capacidad del planeta para absorber dióxido de carbono, lo que retroalimenta la crisis climática.

Además, la degradación del suelo incrementa el riesgo de erosión y desertificación en las áreas afectadas.

En términos económicos, los incendios forestales generan costos millonarios. Los gastos en la extinción del fuego, la reconstrucción de infraestructuras y la pérdida de tierras productivas impactan fuertemente a las comunidades locales.

También afectan industrias clave como la agricultura, la silvicultura y el turismo, generando pérdidas económicas significativas y dejando a muchas personas sin empleo.

Para mitigar estos impactos, es fundamental implementar estrategias de prevención y manejo de incendios, como la reforestación, el monitoreo con tecnologías avanzadas y la educación ambiental para reducir el riesgo de incendios provocados por la actividad humana.

Una crisis que podría haberse evitado

Lo que hoy ocurre en la Patagonia no es una excepción, sino parte de una tendencia global. En los últimos años, incendios devastadores han consumido enormes extensiones de bosques en el Amazonas, California, Australia y Canadá.

Detrás de cada uno de estos eventos hay un mismo patrón: temperaturas récord, sequías prolongadas, una gestión ambiental ineficaz y, en muchos casos, la negligencia o el uso especulativo del suelo.

Si Argentina quiere evitar que estas catástrofes se repitan con mayor frecuencia, es fundamental adoptar un enfoque de gestión de incendios alineado con la crisis climática que estamos viviendo.

De lo contrario, seguirá primando una lógica reactiva, donde el fuego siempre llevará la delantera y donde, cada verano, volveremos a lamentar la pérdida de nuestros bosques, de nuestras casas y, en el peor de los casos, de vidas humanas.

Publicada originalmente en El Economista el 16 de febrero de 2025.

The wildfires in Argentine Patagonia have once again raised the alarm about a problem that, far from being an isolated event, reflects increasingly worrying climate and socio-environmental patterns.

The region is facing an uncontrollable fire that has already burned through thousands of hectares in El Bolsón and Bariloche, fueled by extreme weather conditions and disorderly land occupation.

While local authorities point to arson in several of the fires, the real crisis lies in the convergence of climate change, uncontrolled urban growth, and the erosion of fire management capacity.

Climate Change: An Ignored Factor

The science is clear: more frequent and more intense droughts create ideal conditions for increasingly devastating fires.

Research by CONICET (Argentina’s National Scientific and Technical Research Council) has shown that over the past 50 years, Patagonian forests have gone through more extreme and more frequent dry cycles, turning them into tinderboxes ready to burn.

Added to this is the exponential population growth in so-called “wildland-urban interface or intermix zones” (where urban development advances into and borders the forest), multiplying the chances of ignition, whether through human carelessness or deliberate acts.

The figures are alarming: according to demographic estimates, the number of homes in interface zones in and around El Bolsón doubled over the past two decades, rising from 12,000 to more than 24,000.

This means more infrastructure at risk, greater difficulty fighting the flames, and more people exposed to fire.

An Absent State and a Step Backward in Environmental Policy

In the middle of the emergency, the firefighters battling the blaze face a crisis of their own: job insecurity.

The lack of contract stability and recent layoffs at the National Fire Management Service (Servicio Nacional de Manejo del Fuego, SNMF) have weakened the capacity to respond to increasingly aggressive wildfires.

The situation worsened further when the SNMF was moved from the Ministry of Environment to the Ministry of Security, a decision that severs the problem from its environmental roots and treats it as a mere public order issue, rather than addressing it through prevention and land-use planning.

Wildfires are not isolated incidents. International experience shows that the solution requires a comprehensive approach: investment in prevention strategies, stronger fire management teams, land-use planning policies that limit uncontrolled expansion and, above all, explicit recognition that climate change is making these disasters worse.

Environmental and Economic Losses

Wildfires are one of the greatest threats to the planet’s ecosystems and biodiversity. Every year, thousands of hectares of forests and jungles are devastated, severely affecting the flora and fauna of the affected regions.

These fires also contribute significantly to greenhouse gas emissions, aggravating global warming and its adverse effects.

The destruction of natural habitats endangers numerous animal and plant species, some of them at risk of extinction. The loss of forest cover also reduces the planet’s capacity to absorb carbon dioxide, which in turn feeds back into the climate crisis.

In addition, soil degradation increases the risk of erosion and desertification in the affected areas.

In economic terms, wildfires generate costs in the millions. Firefighting expenses, infrastructure reconstruction, and the loss of productive land hit local communities hard.

They also affect key industries such as agriculture, forestry, and tourism, causing significant economic losses and leaving many people out of work.

To mitigate these impacts, it is essential to implement fire prevention and management strategies, such as reforestation, monitoring with advanced technologies, and environmental education to reduce the risk of human-caused fires.

A Crisis That Could Have Been Avoided

What is happening in Patagonia today is not an exception but part of a global trend. In recent years, devastating fires have consumed vast expanses of forest in the Amazon, California, Australia, and Canada.

Behind each of these events lies the same pattern: record temperatures, prolonged droughts, ineffective environmental management and, in many cases, negligence or speculative land use.

If Argentina wants to keep these disasters from recurring more and more often, it must adopt a fire management approach aligned with the climate crisis we are living through.

Otherwise, a reactive approach will continue to prevail, one in which the fire will always be a step ahead and where, every summer, we will once again mourn the loss of our forests, our homes and, in the worst cases, human lives.

Originally published in Spanish in El Economista on February 16, 2025.

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